Día a día le saludaba, le llevaba un regalo con una sonrisa
hasta su puerta. Quería hacerse notar, quería hacer una diferencia.
Nadie le respondía, pues no él mismo no era nada.
Un día no lo hizo, ni él mismo entiende el porque no quiso
hacerlo y al siguiente día cuando llevó su regalo, le dijeron que los había
decepcionado, traicionado su confianza, incluso que lo tenían en estima
¿Cómo
iba él siquiera a saberlo, si él no era nadie?
¿Dónde están las palabras cuando
el momento es el oportuno y el desprecio inoportuno?
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